La Llave/ Cuando Éramos jóvenes.

Así era la llave de la felicidad de Chenco.

Miraba el letrero de un restaurante de comida rápida, pensaba en saborear la grasa de una hamburguesa con tocino y echarse unos gases de dos carnes después.

Cerró la mano y la boca para saborear el gas imaginario, en la boca sintió el hambre, en la mano la llave.

Una llave, el acceso a una casa, más bien a una reja porque era una llave especial, de puertas abovedadas. Chenco sostenía este objeto de metal que olía a óxido a pesar de no tener aspecto de oxidado. Lo guardó de nuevo en su bolsillo.

Francisco miró a Chenco de abajo hacia arriba y le notó una mueca especial, no la mueca de deshonestidad y rencor usual. Esta era ligeramente más luminosa, los ojos verdes de Chenco chocaban con su piel morena como ésta mueca nueva con su cara.

Bope sacó la cabeza detrás del hombro de Chenco.

-háblame papá, ¿sabes qué estábamos haciendo anoche?

-replicó Francisco: ni idea.

-Chenco: salimos con Cara de Pizza , no llevamos unas punks a un mirador por La Montaña.

Francisco miró con la cara amarrada a Chenco, no le interesaba en lo más mínimo que mierda hacían Bope y Chenco en un mirador de La Montaña con Cara de Pizza.

-Bope: nos llevamos a las punk a un mirador, una era blanquita, con las tetillas rosaditas como un puerquito. Esa estaba con Cara de Pizza, a nosotros nos tocó una negra terrible, era muy gorda. Un montón de grasa era esa mierda.

-Chenco: el Cara de Pizza puso un rock fuerte en el reproductor y la punketas se pusieron todas locas a caernos a besos.

Francisco imaginaba asqueado de pensar que alguien besara a ese par de maleantes de baja categoría con los dientes llenos de mugre verde cerca de la encía.

Entre gemidos simiescos y risas incontrolables por los porros que se habían fumado siguieron el cuento de cómo gozaron con las punks, que en realidad no eran punks, más bien góticas del tercer mundo, una inclusive era algo inclasificable porque tenía una camisa con  una svástica (logo nazi), aún más descabellado era la negra.

Según los malhechores juveniles, Cara de Pizza llevó una cantidad considerable de drogas de todas clases, anfetaminas, heroína, crack y otras golosinas, hicieron un millonario (tabaco liado con todas las drogas que tenían a la mano). Fumaron un poco y comenzó la orgía en el auto, La Negra sintió una atracción especial por Bope quien era extremadamente delgado y con cara de Cantinflas, al parecer quería dominarlo con su camisa de nazi y su enorme masa corporal. Comenzó por chuparle el pene bruscamente, no lo hacía tan mal porque se le fueron los ojos a la parte de atrás de la cabeza y comenzó a decir “ay mamá, ay mamita, chúpala así”, al Chenco sólo le quedó una opción el culo de la Negra gorda.

Tenía algunas ronchas y pústulas así que le daba asco agarrar esa enormidad de celulitis, trataba de ver que sucedía en el asiento de enfrente para masturbarse y la gorda le tapaba todo, lo poco que veía por el espejo retrovisor era la cara de la gótica flaca y blanca con los ojos cerrados babeando mientras se retorcía, no era suficiente.

Se comenzó a tocar el pene desde la punta con los dedos humedecidos y nada que se le paraba. Era muy asqueroso e incómodo inclusive para él.

No había más que hacer que degradar a la gótica negra. Sacó la llave de la puerta de su edificio y la llenó de saliva, la colocó en el ano oloroso de la gótica y la introdujo hasta que sus uñas tocaron el esfínter irregular, al parecer no era poco frecuente esto de las llaves en el culo para la gorda, pues no chistó y siguió comiéndole el pene a Bope quien trataba con los ojos cerrados de olvidar  que era una gorda terriblemente desagradable la que se lo chupaba.

A decir verdad Chenco estaba muy emocionado de la perversión, sentía que era algo que hacían los ricos, eso de las perversiones sexuales. Pensar que el sexo común no era suficiente era algo producto del ocio que da el dinero de sobra.

Recordó el ano de la gorda mientras volvía su apetito por la hamburguesa grasienta, su mano buscó en el bolsillo del pantalón y encontró la llave, la olió ligeramente y la volvió a guardar mientras pensaba en el próximo ano que abriría.

 

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Una respuesta a “La Llave/ Cuando Éramos jóvenes.

  1. Que grande!

    Felicidades

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