Los Camaradas/La Bofetada Aristocrática.

 

2x1 en mentiras.

Juan Manuel veía las rayas en el piso de la plaza, el sucio del aire de muchos años con lo verde de la caca de paloma.

Se rió un poco nervioso mientras sentía el peso del enorme reloj de oro en la muñeca. Tenía vergüenza y miedo pero se lo acababan de dar y no quería quitárselo todavía, las gotas de sudor de su escaso pelo eran de angustia y tristeza.

En la plaza del congreso todo pasaba como en cualquier plaza, rápido y sin importancia.

Las estatuas de mujeres sosteniendo enormes coronas de olivo en carruajes que nunca se moverían proyectaban sus sombras y eran admiradas por los turistas desde el suelo, él los veía con desprecio, pensando que eran burgueses quienes venían a gastar dinero, cochino dinero, con esta amargura en la boca se quitaba el reloj de oro y lo guardaba en su bolsillo derecho.

Dejó el banquito sin mucho cuidado de no pisar a las palomas que comían restos de pan del piso asqueroso. Caminó hacia la comisaría 12 de la ciudad de Buenos Aires, sacó la bolsa de papél Marrón y la puso sobre la mesa de la recepción, también sacó el reloj de oro de su bolsillo y lo colocó junto con un sobre sellado.

La muchacha uniformada tras el mostrador lo miró como todas las personas jóvenes y medianamente atractivas miran a los viejos, con asco y dulzura.

Matías:

–       Señorita quiero entregar estas cosas que me encontré hace dos días, ¿no debo llenar ningún formulario?

La señorita:

-No señor, déjelas allí y las reviso pronto, gracias.

Sonó la campanita de la puerta y se alejó por la calle con su escaso cabello blanco y su cara de emperador romano envejecido.

A las dos horas de que dejara la bolsa y las otras cosas, la mujer comenzó a revisar el contenido de lo que este señor, quien ha podido ser su abuelo, dejó sobre la mesa.

“A quien pueda interesar.

Quiero aclarar que si lo hice (yo le disparé a Matías Ferrari), espero que esta carta y la evidencia aclaren el porqué y cómo le asesiné, un acto perfectamente razonable y justo.

Cómo lo hice:

Toqué el timbre de su maldita mansión en Recoleta, dije que era una entrega de empanadas y una coca cola de dos litros, salió y lo forcé a entrar en su casa, arrugó la cara desde el principio, como apelando a mi lástima, los que nunca tiene compasión con nadie; tienden a pedirla de rodillas.

Pasamos a su despacho con todos esos libros de economía y con el nombre del cara de mierda de Marx  a quien tanto yo había admirado en mi juventud, tumbé unos libros torpemente como me lo permitió mi mano con el revolver apuntado, tomé el envase de coca-cola de dos litros y lo puse sobre la mesa, quería beber algo con él antes de darle el tiro.

Estaba fría y burbujeante, sabía al imperio y la industria. Pensar que durante mucho tiempo no la tomaba porque me parecía un exceso capitalista pero estaba forzado a trabajar en una planta de bebidas que la embotellaba. Había nacido en el sistema de los valores y el dinero, cuando era muy joven me topé con Matías quien se encargó de vendarme de la verdad con una hermosa mentira que ya pocos creen y muchos tratan de usar, la izquierda.

Comenzamos a beber el sabor del dinero en sus copas para brandy, nunca le quité el ojo de encima, nunca se puede confiar en un comunista, socialista o persona de esas de izquierda, siempre juran que quieren el bien y nunca en la historia he visto que lo hagan, ¡siempre degradándonos a menos. Siempre hombres iguales, hermanos, ¡iguales a la mierda!

Recuerdo que le dije exactamente, no quería escucharle, lo veía tratando de pensar en una salida mientras le hablaba.

-Eres un hijo de puta ¿cómo pudiste venderme una mentira tan grande?, maldito, hijo de la gran puta, es una pregunta retórica sé como lo hiciste te aprovechaste de que mi origen era humilde de que necesitaba creer que alguien nos quiere ayudar más que nosotros mismos, nunca me fui de vacaciones al extranjero, contemplé la idea de irme a conocer Cuba, esa isla infecta llena de putas y piratas, dónde la gente no tiene jabones porque no hay vacas, porque no hay nada sino ron y una idea pasada de moda.

Sabía que tenía que matarte, cuando abrí el periódico ayer y vi en la página de sociales, sí, ahora leo los sociales de primero; estaba el matrimonio de tu sobrina tus dientes falsos pelados y el derroche, yo en mi apartamentito sólo en micro centro y tú rodeado de tu familia en el extranjero despilfarrando. El hecho no es que gastaras el dinero maricón, es que siempre les dijiste a los demás que gastar dinero en banalidades era malo y el dinero es para hacer lo que se le venga a uno en gana mientras no joda a los demás.

Hiciste exactamente lo que tanto criticaste te quebraste y me hiciste sentir como un  imbécil.

Aunque no pueda hacer pagar a Lenin, a Mao o la puta vieja de Fidel, te voy a hacer pagar a ti.”

Para ese momento ya se había terminado la coca-cola. Tomé el envase y coloqué la boca tocando el cañón y la base tocando la frente de Matías, disparé hasta agotar la balas de mi revolver Smith & Weston special cañón corto. Los tiros se asfixiaron en el plástico de la botella y sentí algo cálido subir por mi espalda.

Porqué lo hice:

Estaba triste y decepcionado, quería que alguien me pagara por mi tiempo y energías perdidas, porque hasta mi hijo se creyó ese embuste, siquiera quiso terminar el secundario y se fue a vender collares por las playas de sur América escuchando reggae.

Yo había creído en la igualdad de todos por medio de un control del estado, y ahora mis amigos que habían hablado de la izquierda eran terriblemente derechistas o se habían perdido en la desesperación, pobreza e ignorancia.

Por fortuna mi padre me había enseñado la importancia del trabajo, no como manera de ganar dinero sino de ser útil, por eso pude trabajar en la embotelladora y tener una pensión, pude pagar el entierro de mi esposa quien me dio todo su amor aún en la limitada vida que teníamos sin vacaciones, lujos o gustos, los mismo muebles de siempre que nos veían ponernos viejos y perder a nuestro hijo, murió en una cama, habitación compartida en el Hospital Alemán de complicaciones del cáncer de pulmón con el que luchó por 10 años.

Resulta que un día me di cuenta, cuando ví las facturas del hospital y del funeral pagadas por la empresa para la que trabajé. Tenía un amigo con la cara borrosa y un montón de enemigos con caras conocidas.

Cinco años de soledad en mi apartamento, construyendo barcos embotellados y leyendo la prensa, hasta que un día vi la boda de la hija de Matías y supe que debía hacer, al menos unos de esos mentirosos iba a pagar.

Se que lo que hice no esta bien visto por dios, pero la justicia es así, imprudente y desafiante.

No voy a correr, ocultarme o pretender que no lo hice, aquí esta todo, si quieren buscarme estoy en mi departamento en la calle Balcarce al 153 4ª”.

P.D: el reloj era propiedad de Matías Ferrari, a quien disparé 6 veces en la cabeza, prueba que mentía cuando decía ser amigo de los desposeídos y socialista, ¿qué clase de socialista tiene un reloj que vale lo mismo que un departamento?

La muchacha de la comisaría no lo pensó demasiado al sentir el peso del revolver en la bolsa, la carta y el reloj.

Pasó la carta por la trituradora, dejó caer el revolver en la papelera junto con los envoltorios de alfajores y una cáscara de banana; el reloj se fue a su bolso. Se aclaró la garganta y sonrió sabiendo que había hecho lo correcto e incorrecto en el mismo acto.

Esa tarde Juan Manuel se sentó frente a su pequeño taller de armado de barcos en botellas, a través de la lupa veía a los pequeños corsarios por las escaleras del puente de mando congelados mientras escuchaba la noticia en su radio AM, había muerto de causas naturales el fundador y dirigente del partido socialista de la Argentina el Señor Manuel Ferrari.

 

 

 

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Una respuesta a “Los Camaradas/La Bofetada Aristocrática.

  1. Excelente Chicho, te felicito.

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