Las lágrimas de Johnny Rotten/ La Bofetada Aristocrática.

no sólo grita, también llora.

Abrió los ojos y vio la bandera de Inglaterra, colgaba del techo de su habitación en Caballito una localidad clase media en Buenos Aires.

Ya era bastante forzado que tuviese una bandera inglesa en un país con historia de odio a los ingleses, pero el era punk de alma, o al menos eso le decía a sus amigos.

Su habitación olía como su cabeza a desorden, alcohol y jabón sucio. Su cresta roja torcida esperaba una reparación y su cara llena de aretes y piezas metálicas un poco de agua, estaba grasosa y llena de marcas de pelea.

De camino al baño a su madre le pide: “Marcelo sacá la basura cuando salgas pelotudo”

No siempre fue así, alguna vez le trataba con respeto, la verdad ya no sabía si le quería, cada vez que se juntaban a desayunar mate y facturas ella respiraba hondo para no decirle cualquier critica de su ridículo atuendo pasado de moda, o del esmero excesivo que ponía en su aspecto a pesar de que supuestamente su estética reflejaba desgano. Llegó a odiar la contradicción que representaba el radicalismo de su hijo y la profesión de su difunto padre, sargento de la marina caído en las Malvinas.

Pensando que estaba siendo explotado, cómo siempre, Marcelo sacó la basura y volvió a su cuarto para arreglarse, tenía que salir al trabajo, cajero de una tienda a punto de la quiebra en un pequeño centro comercial con cosas pasadas de moda como él, algunas tiendas de patinetas, salones de tatuaje, boutiques sado y las infaltables tiendas de camisetas raver.

Le deprimía su trabajo, a el le hubiese gustado ser estrella de rock pero no sabía tocar ningún instrumento, tener dinero pero no había estudiado nada porque “eso era para cochinos capitalistas parte del sistema”. A sus 28 estaba atrapado en un hueco de 8×10 metros con ropa de bandas que juraron nunca venderse pero estaban allí a la venta.

Cerró la caja y tomó el autobús de vuelta a casa recordaba lo que le había sucedido la noche anterior, a las 10:50 esperaba el último subterráneo en la línea A, sus acompañantes 14 chicos y chicas entre 15 y 22 años, por supuesto todos punks, neo punks, góticos o cualquiera de esas mentiras que les venden a los adolescentes que se crean problemas falsos porque no tienen problemas de verdad cómo una enorme deuda o una hipoteca que no pueden pagar.

Esa noche Marcelo había estado borracho como la mayoría de los días, mucho fernet, no le gustaba al igual que al resto de los argentinos pero había sido quebrado por la masa, como todos tomaban fernet el tomaba fernet. De recordarlo sintió nauseas por el amargo sabor del licor que todavía le quedaba en su boca sucia de punk.

El alcohol, las ganas de rebelarse ante todo y todos le hicieron valiente en su mente, invencible, caminaba como un gallo de pelea encrestado por el subterráneo de Buenos Aires imaginando que se encontraba en Londres en los 70 y tenía que amedrentar a los que se entregaban al sistema. Pasó por al lado de un señor de unos 50 años y le dio un ligero toque en la solapa de su chaqueta y un escupitajo en la frente, el señor retrocedió unos pasos sorprendido y aterrorizado por éste demonio con chaqueta de cuero y tachas de metal.

Siguió su camino de la justicia y pasó por al lado de un chico moreno con sombrero, él llevaba rato esperando junto a sus amigos turistas el último tren, estaba bastante molesto por algo que le había sucedido de camino al subte, era una bomba de tiempo. Además era del país más peligroso del mundo según el listado de la ONU para el 2010, Venezuela.

Pasó junto al sujeto que vestía como una estrella pop, con una chaqueta de tela sintética jeans ajustados, zapatillas deportivas y sombrero negro.

Cuando le vio la facha sintió que debía hacerle algo al pasar a su lado con la botella de fernet empinada.

Le rozó con la mano libre la cara y le miró desafiante a los ojos mientras bufeaba como toro en celo.

El moreno explotó y comenzó a insultarle en una jerga propia de los barrios bajos Venezolanos: mira maldito mamaguevo coño e’ tu madre ¿qué mierda te pasa a ti?

Eso desorientó a Marcelo quien esperaba que alguien vestido de latin pop star se asustase de un punk de 1.80 metros con una enorme cresta roja y una camisa con una calavera chorreando sangre por las cuencas de los ojos.

Marcelo gritó: sos un hijo de puta, andáte a la concha de la lora. Mientras le temblaban las piernas y los párpados le palpitaban.

El Pop Star se alejaba porque siendo extranjero no quería meterse en problemas, mientras le daba la espalda los amigos asustados de Marcelo todos vestidos de negro hacían el amague de contenerlo, nunca había pasado de allí la situación.

Marcelo se sintió seguro con las manos de sus amigos agarrando su chaqueta y gritó:

– ladrón andáte a Centroamérica. Negro de mierda, Viste que sos un cagado.

La verdad al Pop Star no le había molestado lo de ladrón, sabía que no le estaba robando nada, porque el punk como todos los de su estirpe estaba arruinado, lo que le voló la cabeza fue el comentario racista, si supuestamente era punk no debía de ser racista, decidió darle un lección.

Sin tiempo de reaccionar, los amigos adolescentes de Marcelo abrieron camino inconcientemente y así pasó con las venas brotadas en la frente el moreno con la boca apretada.

Marcelo trató de retroceder un poco para encararle, aunque sabía que su temor era mayor que su coordinación o su convicción de ser punk. El Pop star también sabía que Marcelo era débil mentalmente, cuando le vio la cara supo que estaba aterrado y que sólo debía darle un buen golpe en la cara para ganar la pelea.

Le dio una humillante cachetada con la mano izquierda, cerró la palma de la mano y en cuestión de segundos le asestó un jab con la misma mano (golpe en corto con la mano delantera en pose de boxeo).

La cabeza encrestada del Punk rebotó contra la parte trasera de su cuello. Bajó la presión de sangre a su cerebro y todo se fue a negro por menos de un segundo, un parpadeo total del cuerpo.

No escuchaba su respiración y unas estrellitas le llenaron el campo visual. Entró en pánico, soltó la botella de fernet que se rompió en el suelo sucio de la estación del subterráneo , sus botas de combate pisaron los trozos de metal mientras retrocedía para colocarse en posición fetal mientras Cheyenne/Enrique Iglesias le reventaba las costillas a patadas y trataba de quitarle las manos de la cara para convertirle la nariz en carne molida.

El PopStar perdió el control y comenzó gritar lo que parecían insultos con acento cubanoide. Los ojos inyectados de sangre mientras el personal del subterráneo trataba de contenerlo y el punk Marcelo lloraba de pánico, resopló hasta que las lágrimas salieron con lentitud y mayor densidad. Probó su llanto lleno de grasa y derrota. Mientras las luces del túnel entraban y salían del carro del subterráneo y sus amigos evitaban describirle su impresión de cómo tipo salido de un boy band le había reventado el culo y el orgullo a patadas y puños . Marcelo cerró los ojos preguntándose a que sabían las lágrimas de Jhonny Rotten.

Referencias:

Jhonny Rotten: Jhon Lydon; Músico británico y líder de la banda precursora del de punk rock Sex Pistols.

Cheyenne: Elmer Figueroa. Cantante Pop latino conocido por sus sensuales movimientos de cadera y sus habilidades de baile.

Enrique Iglesias: Cantante de Origen español, hijo del también cantante Enrique Iglesias; conocido por su voz temblorosa y sus melodías pegajosas.

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