Bladkin Sparulack/ La Magia de Mis Mojones.

por lo general no tenía una cara tan seria.

Mi Abuelo era un hombre jovial y bonachón de pelo blanco, nunca hizo fortuna pero si acumuló mucho conocimiento, las paredes de su departamento estaban llenas de libros gruesos, forrados de cuero con letras doradas, era amante de los caracteres y las hojas llenas de conocimiento.

Vivía una vida activa en el centro de la ciudad, había criado sólo a mi padre porque mi abuela murió al darlo a luz. Salió con varias mujeres pero nunca se casó de nuevo porque pasaba mucho tiempo entre sus barcos a escala, las clases de literatura inglesa que dictaba en la universidad del estado y su mayor afición: investigar las crónicas de las cortes medievales.

Nunca se acostumbró a investigar en Internet, decía que le faltaba el momento especial en el que un hombre se sienta y al abrir el libro comienza a leer la mente de otra persona, que lo que se leía de un libro quedaba para siempre, que el blanco y negro no mentían como lo hacían los caracteres de una pantalla que cambiaba a cada momento.

Hace dos semanas llegó a mi oficina de arquitectura un paquete, en la envoltura polvorienta se leían las instrucciones: “Entregar a mi nieto, Nicolás Pereira Navarro éste paquete el 12 de diciembre de 2055”.

Había dejado instrucciones a una compañía de envíos para entregar 3 copias de un libro, el libro como pieza de colección era realmente costoso, el equivalente a tres lingotes de oro, o tres sacos pequeños de diamantes brutos.

En la parte superior del libro destacaba un papel con la letra de mi abuelo, estaba amarillo y la tinta muy clara. “siempre supiste escuchar a tu abuelo, te pido que me escuches ahora diez años después de mi muerte, aquí un relato que comprueba lo que busqué durante toda mi vida; la evidencia del primer crimen comprobado de un rey inglés, Henrry of Britain”.

La nota marcaba una página, copio la fiel traducción de su fuente, third book of chronicles, the royal stories and tribulations by sir Astrus Valentine of Yorkshire:

“corría la cuarta temporada de cosecha, cerca del solsticio de invierno en el reino durante el año 487 después de la llegada de nuestro señor Jesucristo.

Al reino había llegado desde las tierras lejanas de Svirernikas, tierras nevadas dónde reinan los osos, pasando las tundras del norte, el mejor arlequín de todos los reinos, también conocido como el rey de todos los arlequines Bladkin Sparulack, diminuto en tamaño enorme en conocimiento y diversión, había servido a los Francos, los Normandos y los

Germanos, representando sus burlas, piruetas y malabares en todos los idiomas de todos los reinos, incluso hablaba la lengua de los bárbaros del África lejana. De cara amplia y pies pequeños, con una frente prominente como su inteligencia y habilidad de aprender las leguas de todos los reinos.

Un día después de la tercera luna nueva, después de la presentación en palacio, en la que consiguió cautivar los corazones y las enaguas de todas las damas y niños del reino fue invitado por el rey mismo a las “andanzas reales”, un día en el que el rey sale con vestimentas comunes y sin su característica barba a pasear y beber por los lugares de los plebeyos y así regala sus reales fluidos a las doncellas comunes para llenar el reino de lo que él denomina, realeza oculta.

En las reales andanzas se detuvieron en dos tabernas, la de Blackwell a la salida de Ashburry dónde bebieron el más vulgar de los vinos y comieron piernas de puerco rostizadas, Bladkin Sparulack danzaba vestido con harapos para también ocultar su identidad, al parecer escuchaba atento las conversaciones producto del dulce vino entre su majestad y el capitán de la primera división de la armada Sir Marcus Smith.

En la segunda parada una taberna sin nombre en las afueras de Essex los juglares tocaban a todo dar cuando los hombres del rey bajo sus ordenes tomaron un mantel polvoriento por las cuatro esquinas y comenzaron a lanzar hacia arriba al arlequín  diminuto, con más fuerza al ritmo de la música, las cortesanas, y plebeyos gritaban excitados mientras el enano comenzó a gritar en todos los idiomas que conocía que le dejaran bajar de la tela saltarina.

Gritó con toda la fuerza de sus pulmoncitos hasta que el cuerpo alcanzó el techo dos veces, una vez con movimiento, para el segundo toque del la cabecita con la madera ya no había ánimo en el cuerpo de Bladkin Sparulack.

Ya que el rey había dado la orden de llevar al enano al cielo, todos los caballeros llenos de la sangre de Baco se tambaleaban llevando un saco lleno de arlequín muerto al río frente a la taberna cuando cantaban los gallos.

Así terminaba la traducción y continuaba la carta. “ querido nieto así queda asentado mi descubrimiento, no debes revelar esta información y debes protegerla de caer en manos de la corona inglesa. Debes pasar esta información a toda costa; las palabras sobraban en vida para nosotros, obra con bien como hasta ahora. Sin mas se despide tu abuelo, Salvatore Pereira Navarro”.

Pensaba en el hombrecito en el fondo del río; quien se descompuso hacía no menos mil años, en el rey con un crimen registrado, como no pagó. La triste muerte de un payaso Bladkin Sparulack. El pensamiento se desviaba hasta que llegó la hora de ir a casa.

Tomé una cajita plateada en dónde guardo la pipa del abuelo Salvatore, la picadura de tabaco y las cerillas de cabeza blanca.

La braza de la pipa hizo arder la carta del abuelo, guardé la traducción dentro del libro y cerré la tapa de la caja fuerte junto con el crimen. Recordándome a mi mismo como debía recordarme olvidar la muerte del pequeño humorista.

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