26 33 44./ la Magia de Mis Mojones.

Una noche de farra con Humphrey.

Se acercaba la hora, lo esperaba impaciente enroscándose el cabello marrón claro sobre el dedo índice con la ayuda del dedo pulgar.

Tenía puesta ropa interior lila muy delicada a veces pensaba que él no la merecía pero sabía que las predicciones eran más acertadas si ella se preparaba para su llegada.

Unos zapatitos de tacón negro brillante llegaron a la habitación . Era él, Humphey llegaba puntual siempre. A las 3:35.

Clarissa todavía tenía dinero de la última vez que le había visitado, había podido guardar para comprarse un auto, con tan sólo 16 años estaba muy cerca de la independencia que representa un volante con cuatro ruedas.

Hacía cuatro meses de la primera visita de Humphrey. Su pequeña persona había atravesado el marco de la puerta de la habitación de Clarissa, la tomó de la mano suavemente y le comentó de la posibilidad de que ganase la lotería.

Humphrey: -te he visto jugar a los triples. Números muy interesantes pero la verdad podría hacerte ganar más, conozco los números. Entre los dos podemos conseguir ganar mucho dinero para irnos de aquí.

Clarissa le vio con los ojos fuera de foco y asintió con la cabeza. Soñaba desde que tenía 12 con tener un auto, un fiat uno azul marino para pasear por la avenida las delicias con sus amigas, quizá ir a comerse un helado de tiramizu y terminar el día bebiendo jarabe para la tos (su droga favorita) en el Paseo de las Ballenas.

Así él llegaba todos los miércoles con una hojita marrón oscura con unos números anotados , generalmente acertaba los tres números aunque si ella no se esmeraba en consentirle los caprichos de la carne el erraba un par de intencionalmente.

No era directamente prostitución pero estaba muy cerca, lo que le mantenía la conciencia tranquila a Clarissa era que nadie la molestaba por hablar con un duende en su casa, le hablaba delante de todos y la gente de la casa hasta parecía reconocer la existencia de Humphrey.

Se hicieron las 3:35 y llegó con su papel en la mano, esta vez le jugaría a triple todo porque no quería tener nada más que ver con él, le daba un poco de asco andar cogiendo con un duende, pelirrojo, enano y peludo. No quería mas esas manos enanas tocando sus pechos juveniles y drogados, por eso estaba haciendo el sacrificio de follarse al duende es última vez con mucho ahínco, se depiló su incipiente bello púbico, , compró ropa interior provocativa, color lila y le esperó húmeda en la cama.

Nunca tardaba mucho, al parecer se estimulaba demasiado con ese gran cuerpo rozando su diminuto pene de duende.

Acabó sobre su abdomen le besó los labios con rabia y salió sin decir palabra de la habitación , Clarissa escuchó la puerta sonar y supo que todo había acabado, no mas duende asqueroso.

Llegaba a su departamento Humphrey, agotado de hacer el esfuerzo de follar a una mujer gigante. Encendió un cigarrillo, cosa que sólo hacía cuando estaba de fiesta o se sentía culpable. Se dio una ducha y retomó sus solicitudes de la facultad de matemáticas de la universidad de Michigan. Sabía que ya no volvería a la habitación de Clarissa, ya se había cansado de ponerse la ropa de duende para ir a cogerle.

Aunque, seguiría por un tiempo con los cálculos. Quería ahorrar un poco para terminar de pagar la inicial de aquel departamento en la playa que deseaba desde hacía un par de años.

Con una ecuación medianamente complicada sabía como sería la secuencia de números ganadores de la lotería del estado, el siguiente sería 26 33 44.

Se tocó la entrepierna para acomodar su pene de enano matemático. Trató de pensar rápidamente en la probabilidad de volver a estar con una mujer como Clarissa, la respuesta era lejana y triste.  Ana en un millón.

Watchmen/ Filosofía Dominguera

Continuación de la reseña/ clase de filosofía que escribió mi amigo José Manuel Arias Palomo sobre el film/novela gráfica Watchmen.  disfruten el próximo domingo de la continuación de éste escrito y el viernes del cuento de la semana escrito por su servidor Manaure “Chicho” Peñalver.

EL MUNDO

Existe una percepción social de la autoridad, especialmente en un contexto de EEUU paralelo que se puede resumir en la frase «¿quién vigila a los vigilantes?». Los aventureros de Watchmen, antes de la aprobación de la ley de Keene, son los representantes de la institución de los superhéroes. En un principio, su autoridad es respetada, aunque finalmente es puesta en duda, inclusive por ellos mismos y desaparecen en el anonimato.

En este mundo el antiguo jefe del Dr. Manhattan declaró que «Dios existe y es americano» y lo dice con temor, demasiado poder hace que los adversarios se armen aun mas, se ha roto el equilibrio del terror y todos cada ves estamos mas cerca del fin.

No existe respeto por el pasado. Uno de los pocos  Héroes buenos que queda trabaja en un taller de modelos obsoletos, como fueron sus ideales en algún momento. Pero este universo no es lo principal de esta reseña.

LOS PERSONAJES.

Cada uno de los aventureros parece adoptar una postura diferente ante este conflicto.

Rorschach: es un seguidor radical de la doctrina absolutista: cree que todos los criminales deben ser castigados por sus delitos y no vacila en recurrir a métodos extremos para lograrlo (por ejemplo, asesina a un violador múltiple). También niega toda influencia a la cultura o al contexto en sus actos. Muestra de ello es el mantra que pronuncia varias veces a lo largo del libro: «Ni siquiera delante del Armagedón. Nunca me rendiré». Veidt expresa lo siguiente sobre Rorschach : «Creo que es un hombre de gran integridad, pero ve el mundo en blanco y negro, en términos maniqueos». Tiene un expreso disgusto hacia los homosexuales y hacia la figura femenina lo que implica que él mismo podría tener cuestiones sexuales sin resolver que canaliza por medio de una moralidad extrema. Por eso el mundo donde vive Rorschach es dibujado decadente y lleno prostitutas, ese es el mundo que él se ha creado.

Este personaje nunca compartió con El Comediante, pero en secreto lo admira.  En sintonía con este punto de vista, en la novela Rorschach incluso llega a calificar de “lapsos morales de un hombre que murió por su patria” al intento de violación del Comediante a Miss Júpiter, sin embargo no deja de tener razón pues el heroísmo de estos personajes muy humanos no reside en los defectos o en la falta de “perfección moral” de una persona, sino en la capacidad de la misma para enfrentarse a estas dificultades, atacar a los héroes por sus puntos débiles es el comportamiento propio de aquellos que buscan consuelo en lo convencional (de los «criados», de acuerdo con la frase «ningún hombre es un héroe para su criado»).

Rorschach es el único que a la hora de la verdad se muestra integro ante la verdad verdadera y por ello deberá morir, este sucio Superhéroe, terriblemente dañado en su infancia no te teme a la muerte, pareciera que la anhela y a pesar o gracias a su maniqueísmo, la Historia continuara.

Andrés Aguirre/ Historias de como no se vive más.

Nadie tenía un extintor a mano.

Apretaba el limón picado por la mitad, el jugo corrió hasta caer en un vaso plástico.

Andrés estudiaba tercer año de administración en una universidad privada, era medio sabandija pero entre todo era buena gente. No era un santo, pero tampoco era una plasta, le había robado la novia a Gabriel, su mejor amigo, pero eran vainas de la sociedad, el quería salir con alguien, ella se la pasaba haciéndole ojitos y cuando Gabriel le escribió un mail desde Ámsterdam describiéndole una mamada que le echó una prostituta rumana en el baño de una discoteca, el hizo un balance y Gabriel salió rodando.

Ana se había ido a Vail de vacaciones, así que se encontraba sólo pero sin ganas de ligar, además todas las otras chicas del grupo le hicieron la cruz después de lo que le había hecho a Gabriel. En cuanto a Gabriel, el ya había olvidado la cosa, la prima de Ana, Sofía Sierra había querido salir con él, así que no pasó de allí, a la semana ya tenía otra novia que estaba más buena y tenía más dinero.

El vaso de plástico había recibido su buena dosis de alcohol así como quien lo sostenía y se lo pegaba de la boca a cada rato.

Estaba borracho pero no demasiado como para creerse invencible. Tomó su celular que también era una cámara digital  mediocre y una computadora miniatura, llamó al número Mamá.

–hola mamá, mamá estoy un poco tomado y me voy a echar una dormida en el carro y después arranco para la casa.

Colgó el celular y empezó a caminar desde la casa a la calle solitaria en dónde se encontraba el auto, eran las cuatro y media de la mañana y hacía frío. Abrió el auto, se metió por la puerta del copiloto.

La borrachera no le permitía pensar bien, un efecto narcótico se había apoderado de sus sentidos, todo era más lento, como pasado por agua caliente. Bajó los seguros y se dio cuenta de que desde ese puesto no podría encender el auto. Se pasó al asiento del conductor y la calle solitaria se llenó del leve sonido de del motor de su auto nuevo.

Los pistones subían y bajaban dentro de la cámara, una y otra vez, el gas del escape del motor se metía lentamente por las rendijas mínimas de la casi perfecta manufactura francesa del auto.

A las 5 de la mañana Gabriel salió corriendo tras haber escuchado una fuerte explosión en la calle de afuera de su casa, en donde era la fiesta que minutos antes había abandonado Andrés. La pintura nueva del auto reflejaba las llamas que ascendían en el fondo claroscuro del día que estaba despertando.

Las llamas giraban unas con otras enroscándose como dedos de bruja. La fiesta entera salió a ver que sucedía, las mujeres borrachas pero atemorizadas lloraban balbuceantes y los hombres sacaban sus celulares a la velocidad del rayo para llamar a emergencias en lugar de tomar un extintor para sofocar las llamas.

Los gritos de mujeres jóvenes se mezclaban con las explosiones tenues que alimentaban el fuego del auto, para cuando llegaron los bomberos el auto se había calcinado casi por completo. Adentro, recostado de la ventana yacía un esqueleto que conservaba parte de un brazo lleno de carne chamuscada.

Todos los plásticos achicharrados del auto emanaban un olor terrible que causaban náuseas aún a los experimentados bomberos.

Todos con cara de trasnocho, Gabriel sabía desde que salió lo que le sucedió a Andrés, lo había visto tambalearse hasta su auto, sentía una terrible culpa, a pesar de que nadie hubiese podido hacer nada.

Gabriel abrió su teléfono norikson y llamó a casa de Andrés.

–       “señora Ana, disculpe la hora. ¿Andrés está durmiendo allá?

–       No, ¿por?

–       Entonces creo que le ha ocurrido algo muy malo. Y rompió en llanto con la garganta rota y llena de flema.

Dos días después las experticias revelaron que ese de hecho era el cuerpo de Andrés, quién había sido asfixiado hasta morir por el monóxido de carbono del motor de su auto, había muerto sin dolor, pero al momento en que murió su cuerpo sin vida hizo peso sobre el pedal del acelerador y llevó a la máquina al borde del recalentamiento, causando que el motor explotase, por consiguiente explotase el tanque de gasolina, calcinando el cuerpo.

watchmen/ Filosofía Dominguera.

Escritor invitado:  josé Manuel Arias Palomo.

Quee…¡ esa fue la primera palabra que me vino a la mente al empezar a ver esta película, si bien se podría decir que soy un fan del comic, no soy un especialista; pero del cual me quedo el dulce placer del descubrimiento de todo un universo nuevo, desde los primeros que leí.

En un principio vi esta película sin esperar nada, algunos superhéroes dándose piña, algunos buenos chistes y sensuales villanas; desde los primeros segundos me di cuenta que vería algo especial, una Obra de Arte, me planteé escribir una reseña sin saber nada más de ella, pero la tentación fue mas fuerte e investigue un poco. Claro¡ esta es una versión, un tributo, a una obra de Culto donde se adapto un cómic lúcido, retorcido y magistral de los autores Moore y Gibbons,  que deseo con ansia algún día tener en mis manos.

He encontrado en esta película belleza, emoción y mucha tristeza. Y ahí es donde me ha atrapado la película de Zack Snyder. Hay planos visualmente maravillosos, pero lo que me ha cautivado, y donde creo que radica la grandeza de  esta Historia, es que aparte o sumándose a la narración trágica, triste y desoladora historia de unos personajes condenados al olvido, cuya tarea, lejos de ser heroica, resulta demencial, e inútil; sin sentido, como la vida misma, esta en la creación de todo un cosmos, de personajes que se interrelacionan entre si, en diferentes planos, con una sociedad, el estado y los medios; en una obra redonda, milimétrica, simétrica, que con el paso del tiempo ha conseguido ser referente de sí misma, en el mundo “comic”.

Pase mucho tiempo tratando de buscar la forma de plantear lo que vi. ¿Pero cómo abarcar algo tan grande?

SUPERHEROES.

Una heroína gótica, lesbiana, muere victima de sus pasiones, prostituta se ve escrito con sangre, este mundo no es nada tolerante. Los polis viéndole las tetas a Miss Júpiter, Un encapuchado es asesinado al quedársele atrapada su capa en una puerta giratoria, otro termina recluido en un manicomio, y por ultimo los hippies pierden, -Te gusta la flor en mi fusil, más me gusta mi bala en tu cara-; esta presentación nos indica que estos héroes de segunda generación no la tienen nada fácil.

Sería muy fácil describir los que quedan: El cínico Comediante, vigilante fascista vendido al sistema; el enloquecido Rorschard, no menos fascista pero íntegro al menos; el divino y cuasi-alienígena Doctor Manhattan; el impotente Búho Nocturno; la groupie definitiva, Ángel de Charlie de un solo hombre múltiple, Laurie; y el rey Midas con un sueño no menos desquiciado, el hombre perfecto y quizá por eso tan ajeno a la humanidad, Ozymandias.

Pero estos personajes tampoco encuadran en el cliché del antihéroe. Porque estos autores nos quisieron dar una clase de moral y filosofía profunda, nada popular y menos entendida.

EL MUNDO

Existe una percepción social de la autoridad, especialmente en un contexto de EEUU paralelo que se puede resumir en la frase «¿quién vigila a los vigilantes?». Los aventureros de Watchmen, antes de la aprobación de la ley de Keene, son los representantes de la institución de los superhéroes. En un principio, su autoridad es respetada, aunque finalmente es puesta en duda, inclusive por ellos mismos y desaparecen en el anonimato.

En este mundo el antiguo jefe del Dr. Manhattan declaró que «Dios existe y es americano» y lo dice con temor, demasiado poder hace que los adversarios se armen aun mas, se ha roto el equilibrio del terror y todos cada ves estamos mas cerca del fin.

No existe respeto por el pasado. Uno de los pocos  Héroes buenos que queda trabaja en un taller de modelos obsoletos, como fueron sus ideales en algún momento. Pero este universo no es lo principal de ésta reseña.

Continúa el domingo 29. sigan leyendo.

C******a/ Con Nombre de Mujer.

Ella se despertó a ver esto.

Cuando le tomó el cuello con la otra mano, todos comenzaron a correr, era la policía que había allanado La Perola, corrían sin control, las luces y los equipos se apagaban, todos abandonaban los tragos y se reunían fuera del local para ver a dónde irían, Raúl se dio cuenta que había dejado la tabla, se devolvió a buscarla, fue tomado por la camiseta a la salida por un policía en su ebriedad corrió con todas sus fuerzas, perdió la franela y al policía a las dos cuadras, a la entrada del subterráneo.

En el torniquete se encontraron él y las chicas, que incluían a C******a y Kat, estaban agarradas de la mano y se besaban furtivamente. Raúl,  sin camisa, sin lugar a dónde ir fue invitado por Esperanza a dormir en el departamento de Roosevelt Island que todas las chicas compartían, Kat sin hogar en New York, siguió sin invitación a C******a, mirando de reojo a Raúl mientras era abrazado por Espranza.

C******a compartía una cama matrimonial con el aire y sus almohadas, Esperanza y Anabella compartían otra cama igual, eso en las noches menos agitadas, Esperanza compartía la cama con Raúl, C******a y Kat hicieron otro nidito de amor.

Se besuquearon todos apenas las luces se fueron, manos iban y venían, Anabella escuchaba fingiendo dormir en la sala.

Esperanza se quedó dormida rápidamente, Kat y C******a seguían jugando Esconde La Salchicha (sin salchicha), después de varios suspiros que Raúl escuchaba en el mismo modo “dormido” de Anabella, las sábanas de la cama contigua dejaron de moverse.

Kat se levantó a las 4:30 de la madrugada a buscar algo para su sed, meter la cabeza en un fruto salado siempre la dejaba sedienta.

Raúl la siguió  a la cocina, le tomó por el cuello y sin pedir permiso comenzó de nuevo a lamerla, esta vez ninguno de los dos estaba borracho, se lamían sin cesar, Raúl le rompió la camiseta y las pantaletas, C******a seguía soñando con nada en particular y escuchó los gemidos de Kat en la cocina, desconfiando de sus compañeras de casa, fue haciéndose la dormida más de lo que estaba, en caso de que Kat estuviese comiéndole la entrepierna a sus amigas pudiesen separase, pero encontró a Kat sobre el lavaplatos con las piernas abiertas gritando a un pañuelo que mordía con fuerza, la cara de Raúl estaba adherida a su entrepierna, con movimientos de excavadora frenética.

Le comía la carne blanda y rosada, Kat le arañaba la cabeza,  vio a C******a y no se sorprendió, la llamó con la mano abierta, y al acercarse le bajó la cabeza a la altura de la de Raúl, los competidores se encontraban en los jugos del premio, C******a sintió un golpe en una nalga, era su enemigo que le propinaba una nalgada sonora.

Comenzó a sentirse húmeda, Raúl la tocaba en la lengua y en la entrepierna, Kat llegaba a un sitio brillante mientras Raúl cargaba a C******a de cara al comedor, unidos por un cilindro de carne.

Kat puso su parte inferior bajo la cara de C******a y sintió como los gritos mudos, la llenaba a un ritmo variante.

Las pequeñas manos de C******a la tocaban con fuerza hasta casi arrancarle los aretes que le sobresaliesen del pecho en forma simétrica.

Kat dejó salir un poco d orina sobre la cara de C******a, ella no sabía de si misma, cuando comenzó a temblar en medio de una oleada de electricidad kat dio instrucciones a Raúl, “take her to the bathroom”, Raúl la cargó y Kat seguía a su retorcida amiga sobre los hombros de su cómplice de perversión.

Una penetración tras otra y C******a sentía mucho más de lo que la lengua de Kat le había proporcionado hacía pocas horas, pero trataba de ocultarlo con caras de desesperación más fuertes que los gritos más agudos.

Otra instrucción salió de la boca de Kat mientras sonreía con el rostro desencajado.

“do her from Behind”

Raúl no obedeció esperando el consentimiento de C******a quien empezaba a no disfrutar el dolor en su región media, Kat volteó a su compañera y lamió el buril de Raúl hasta dejarlo impregnado de brillo líquido.

Guió la punta del cincel a la caverna y comenzó el martilleó incesante, C******a estaba en sollozos, tratando de hacer parar al equipo de demolición en su parte posterior.

Kat sacó el pequeño mástil y lo examinó con su boca, sintiendo cada pequeña irregularidad y el sabor a oxido, C******a cayó de rodillas y Kat la besó, le escupió la cara y se trepó sobre Raúl, le lamía el pecho y le mordía el labio inferior hasta sangrar, con la misma mano que había dirigido la tallada del cuerpo de Camila, dirigió el cincel a otra cueva , la suya y apretaba con fuerza la espalda de Raúl para no perder el control, comenzó a gritar y escuchó entre sus propios gritos los de Anabella quien en la puerta del baño introducía dedos en la viscosidad de su ser.

C******a  casi fuera de combate la veía desde el suelo sentada, recostada contra la pared, Kat le dio una última orden, ella la siguió y desapareció su mano dentro de sus propias piernas. Mientras esperaba la carga de Raúl con desanimo, como una golosina barata, que deberías disfrutar pero no esperas con ansia.

Todo acabó, C******a entró en estado zombie de nuevo, ya vestida con su capucha roja ,veía a Raúl ponerse una franela que había encontrado en el suelo de la casa.

La camisa seguramente pertenecía al primo de C******a quien se había ido de la casa hacía dos meses, la camisa seguía exactamente en el mismo lugar en el que el la lanzó.

Los ojos azules/verdes de C******a miraba el sol que salía por la ventana, Kat se preparaba un café, la mirada de C******a se perdía en el vacío del río Hudsson.

Como siempre su mirada y pensamientos venían e iban a la nada.

Mediocre/ La Bofetada Aristocrática.

El avión que lo llevaría a la mierda.

Le ardían los ojos, había bebido, igual que la noche anterior y la anterior a esa, ya no se acordaba la última vez que había sentido ese ardor, debía ir al aeropuerto.

Se puso su chaqueta de cuero negra y un sombrero marrón oscuro. Debía volver a su casa después de 8 años fuera. Ya no conocía nada del país en el que nació, sólo que allí vivía su familia, a la que había visto una sola vez desde que decidió partir.

Tenía 5 años con el mismo empleo de camarero, vivía en Barcelona pero con la vida que nunca quiso en esa horrible ciudad en la que nació. Ganaba lo suficiente para pagar el cuarto que rentaba, una ocasional prostituta y todo el hashis que consumía, ah por supuesto dos botellas de cerveza diarias al menos.

La pasaba bien, se reía, no tenia que impresionar a nadie, no tenía que superar nada, solo pasar de un día al otro sin morir de hambre, sin escuchar a su madre quejarse, sin escuchar el acento italiano de su padre y sus quejas del país al que había decidido dedicarle la vida, una pésima inversión.

No tenía problemas de dinero porque no tenía pretensiones o gastos extra, no quería relojes, joyas, zapatos, franelas, sólo tenía la ropa con la que iba al trabajo.

Tuvo que ir al corte inglés a comprar un traje para el viaje, avisó en el restaurante la situación y fue a imprimir el boleto electrónico, en 10 horas estaba viendo la cara de su madre totalmente devastada. No podía secarle las lagrimas, estaba demasiado fuera de si, como si se tratase de la experiencia de alguien más; que el forzosamente debía observar hasta el final. Su madre le abrazaba y le pedía que por favor se quedara un tiempo, mintió diciendo que lo pensaría y se fue a dormir a su cuarto.

Estaba muy diferente a como lo recordaba, era ahora un estudio en dónde su padre leía el periódico y se indignaba de lo que los orangutanes de izquierda hacían a la manera de la derecha con el país en el que vivía. Había removido los dibujos satánicos de las paredes, también los afiches. Se sentó en el sofá-cama y vio en la pared las fotos de sus hermanas, ellas también se habían ido lejos, ellas se fueron a Estados Unidos pero veían más a su madre, en general todos lo hijos de esa familia se habían obstinado del padre o más bien su paranoia y su edad.

Ahora el menor estaba de vuelta y esperaba la llegada de sus hermanas, una de ellas no podía venir por cuestiones de legalidad, no podía salir de Canadá porque corría peligro de no poder volver y no era justificado, no había querido demasiado a su padre, si salía tendría que quedarse en ese seudo país en el que tenía un trabajo de ejecutiva con sueldo de vendedora ambulante.

Cerró los ojos para dormir unas horas y escuchó el río que pasaba detrás de su edificio, no podía darse cuenta bien pero hasta comenzó a reconocer el olor de su casa, era demasiado tiempo fuera, no era su casa, era un lugar que había conocido, lo increíble es que tenía más de 20 años de vivir allí y sólo 8 fuera y ya no podía con la idea.

Todos manejaron el viejo auto de su padre hasta el cementerio y allí estaba el dentro de una linda urna blanca con terminaciones negras, la había elegido su madre, por suerte el padre dejó el entierro pago como si supiese que estaba cerca de morir hizo los arreglos un par de meses antes.

Sintió una pequeña molestia en el pie y se fue a caminar al verse el tobillo recordó varias cosas, una que se lo había roto patinando hacía unos 10 años, era el cambio de clima o quizá un recordatorio de su cuerpo de que debía dolerle por dentro esa perdida.

Su madre lloraba ríos y su hermana ahora le acariciaba el pelo corto y lleno de canas, no se preguntaron nada, ambos estaban sin mucho interés, era el pago de una deuda, no una compra esperada.

Fueron muchas personas que se quejaban o se reían pero todos tomaban café y comían sándwiches de jamón y queso en pan cuadrado.

Terminaron los servicios funerarios y la familia volvió al departamento al que su madre habitaría sola hasta que decidiese a dónde se mudaría.

La hermana mayor número uno, la que se encontraba en la ciudad lloró en el baño con demasiada rabia para ser cierto, explotó después de un par de días de silencio, sin excusarse besó a su madre en la frente y se fue al aeropuerto a volver; a no estar en su casa, a sus hijos desaliñados y obedientes que por suerte se parecían a su marido, no porque ella fuese fea, era porque así no se parecían a su abuelo paterno, el dictador italiano en miniatura que la había llevado desde la península hasta ese país tropical lleno de ratas en el congreso y en dónde todos se querían ir a la mierda, ¿sería que la mierda era un lugar más divertido o de mejor olor?

A pesar de ser el menor se había encargado de manera renuente de todo, había conducido al cementerio y curiosamente no había bebido desde que había bajado del avión.

Pensaba en la promesa por romper, de irse muy rápido al mismo destino fétido que su hermana, a la mierda.

Al ver a su madre y pensar que al tercer día no podía dejarla durmiendo sola, una vez mas las circunstancias lo elevaban de su paso sin pena o gloria por la vida, pensó profundo. Notificó a su patrón que volvería en un par de semanas, que por asuntos legales no se iría de inmediato de vuelta, después de tanto tiempo trabajando en lo mismo y de cumplir sólo por cumplir el patrón comprendió y le otorgó el permiso.

La madre lloraba sin control los dos primeros días, después se dio cuenta que era libre. Que ya no “tenía” que limpiar, que lo quería hacer por la alegría de tener a su hijo en casa y aunque lo notaba gris no le importó, era feliz y triste en extremo, como se imaginaba que debían ser las emociones en el cielo. Llevadas a un punto casi intolerables.

Algunos amigos supieron que había llegado y querían ir de fiesta con él. Recordaban su ánimo y disposición para emborracharse. Que tomaba ron como un demente y le encantaba pelearse aunque la mayoría de las veces perdiera.

Se subió al auto de Gabriel, quien al verlo lo notó muy parecido a la última vez que lo había visto. Gabriel no era como antes, notó la barriga inflada, como si se hubiese inflado con la misma ropa puesta.

Tenia cara de cansancio y unas ligeras orejas, al probar la primera cerveza en la misma barra mugrienta a la que iba 5 años antes sintió nauseas y se acordaba de que había dejado a su mamá sola y aunque de mejor animo, sola.

Por primera vez en mucho tiempo no quería tomar ni hacer algo para aturdirse, no pensaba en un toque de coca o en como pagar esa prostituta que había visto en la rambla.

Le miró de reojo y se fue al baño.

Mientras orinaba escuchó alguien aspirar de manera muy fuerte, casi hasta dañarse la nariz. Era terrible y hasta pudo sentir la sangre proveniente de los cornetes pasando a la garganta. Era espesa y llena de moco blanco.

Vio una chaqueta de cuero o imitación de cuero que le dio calor en los ojos y el cuello. Una cabellera blanca escasa parecida a el corte de cabello de  Homero Simpson. El bigote lleno de canas, mocos migas de harina de maíz y cocaína.

Unos ojos vidriosos y marrones le dijeron trataban de mover una boca trabada y descuadrada, el murmullo se volvió grito:

– “esta vaina es pa’ viejos jodidos como uno, no pa’ carajitos como tú”.

Le tocó el hombro y se alejo tras las puertas batientes al estilo viejo oeste del baño.

Salió tocado por la vida que le había dejado unas gotitas de orina en la chaqueta de cuero. Le pidió a Gabriel que lo llevase a su casa y se despidió sabiendo que no le vería al menos por otros 8 años.

Durmió en ese cuarto prestado que una vez fue suyo, y al levantarse habló con su madre, no la quería ver sola sentirla desvalida, ya no podía dejarla de lado.

Era todo confuso pero fuerte, sabía que no podía quedarse, que su madre no se moriría de soledad pero por fin le importaba algo que no fuese vivir por vivir.

Ya no era él y la miseria de no morirse, no quería terminar así, en un baño diciendo estupideces y haciendo lo contrario a lo que promulgaba.

No más perico, no más alcohol desmedido, no mas hashis. Ser alguien por las circunstancias, al fin entendía la frase “los hombres grandes se crecen ante las situaciones difíciles” después de todo era fácil dejar de ser mediocre.

Sonrió al ver a su madre tranquila dormirse a su lado en el avión, sin un plan definido más que estar con ella, sintió la presión en sus oídos al despegar y el terrible inglés del capitán de la línea aérea portuguesa le dejó saber que en 9 horas estaría de vuelta en casa.

La Marea Roja/ Cuándo éramos jovenes

foto mental del taxi involucrado.

Dos laminitas de carne mojadas que se pegan y se abren para dejarlo ver como cambia de noche a día.

Se había ido muy temprano a la playa a ver el amanecer.

Aunque no lo parecía era un chico muy introspectivo y sensible, Arturo viajaba 2 horas hasta la playa mas cercana para surfear, muchas veces sólo, esta vez estaba con Roland amigo de la infancia y compañero de aventuras de surfing.

Desde recién graduados del colegio hasta esa madrugada, a través de los cambios que vienen con los años habían compartido olas peleado por ellas, por chicas, cuidado peas mutuas, ido a strip clubs y funerales. Siempre eran más los momentos agradables y las ocasiones memorables que las discusiones.

Esa madrugada se sentía que eran los últimos de una casta, los que están entre el surfista rasta-hippie y el yupie barrigón ; el balance estaba por desaparecer como la noche que se disolvía con el sol.

Esperaban escuchando música dentro del auto, un poco de sublime, otro poco de reggaeton, una pizca de white zombie, todo revuelto en la olla de pearl jam.

La luna y el sol compartían el cielo en la misma proporción y abrieron los seguros del auto, pusieron los pies en la arena , primero Roland, después Arturo. Comenzaron a bajar las tablas del techo y escucharon un auto llegar a toda velocidad por detrás de ellos a la peligrosa y desierta playa.

Las olas no estaba especialmente grandes pero rompían en la orilla con fuerza, se les mezclo la emoción de las olas con el susto de la emboscada, al ver que era un taxi disminuyó el miedo y surgió la pregunta en la cabeza de Roland, el analítico, ¿qué mierda hace un taxi aquí a ésta hora?

El taxi se paro a una distancia prudencial y ellos decidieron no esperar a que los tripulantes se bajaran. El instinto de Arturo actuó y terminaron en cuestión de segundos en el agua sentados “esperando olas” , pacientemente veían el auto vibrar con el motor prendido , los vidrios con papel de espejo no dejaban ver nada hacia el interior, comenzó a sonar un reggaeton sexualmente cargado, no distinguían las palabras exactas pero era algo  sobre sexo, noche, salvaje, caliente , deseo…

Los dos rubios sabían que si se quedaban en el auto no podían huir de armas de fuego y que los maleantes no iban a entrar al agua a buscarlos, estaban seguros hasta que se llenara la playa de gente.

Del auto bajó un tipo de mas o menos 40 años, con un bigote y una barriga enorme en pantalones marrones de vestir, con unos lentes tornasol, del tipo que usan los beisbolistas.

Seguido de dos muchachas que no estaba en su mejor condición física pero eran jóvenes.

La vista alcanzaba para distinguir unos paquetitos que se acercaban a la nariz y unas botellas de whisky con la que armaban la rumba.

Las muchachas se cambiaron al aire libre al no sentirse amenazadas por los dos sufistas fisgones que para esta altura ya no querían aparentar estar esperando olas.

Se mojaban hasta la cintura en ropa interior roja, lo que era bastante vulgar y explicaba porque estaba con el taxista barrigón y no con algunos chicos jóvenes con barrigas más modestas.

El taxista se sobaba la panza y se metía la mano en la ingle constantemente, una de las chicas se comenzó a besar con la otra sobre un tronco en la playa ahora escuchaban techo de principio de los 90, si es que hay algún otro tipo de techo.

Lo chicos ya no eran nada sólo trataban de no perderse la acción, bolsitas de coca vacías llegaban flotando en el agua hasta ellos, inclusive escucharon una sonora flatulencia que una de las muchachas semi-sexys había dejado salir de su no tan firme culo.

Terminaron ambas por quitarse la ropa para darle el valor de su dinero al taxista que aullaba de vez en cuando como loco alguna de las palabras del reggaeton sensual que sonaba distorsionado.

Un perro se llevó en la boca uno de los bolsos que pertenecía a las “muchachas” y el taxista lo persiguió, como no lo alcanzó le lanzó un zapato, falló igual era de las muchachas y lo soltó a unos 100mts de donde estaba estacionado el taxi.

Innecesariamente una de las chicas orinó desnuda en la orilla mientras el taxista la veía, sólo que no era orina, escucharon llegar en el otro extremo de la playa un vehiculo 4×4 y se acabó la fiesta mucho mas rápido de lo que comenzó, todos recogieron sus cosas, en la orilla quedaron abandonadas algunas pertenencias, ahora la atención de Artuto y Roland se centraba en el mar, surfearon un par de horas, las olas de izquierda rompían rápido y con fuerza, aún sin mucho tamaño pero estaba entretenidas, un snap de espaldas y rolan salió volando en un salto mortal cortado por el agua y una roca filosa, sintió el ardor y al examinarse vio la piel, capas de grasa y sangre, la cortada era profunda pero no era para morirse.

Igual necesitaba algo de  atención medica, es decir, no estar sumergido en orina/cloacas/ sudor de protitutas de cuarta categoría.

Artuto se percató de la herida de Roland; salieron al mismo tiempo hacia la orilla encontrándose frente al auto de Arturo; la pantorrilla de Roland sangraba y dejaba un rastro rojo lavado en la arena, cuando amarraron las tablas al techo del vehiculo atendieron al estilo surfer/punk la herida de Roland.

Un poco de ron del fondo de una botella y cinta de cañerías, un venda plateada e impermeable.

Comieron con calma unas empanadas del kiosco menos destartalado de la playa.

A la vuelta Roland pasó cerca del lugar que había ocupado el taxi/burdel ambulante y sintió algo pegarse a la planta de su pie izquierdo. Se sentó en el puesto de copiloto y despegó de él una toalla sanitaria con abundante flujo y arena.

No habían pronunciado palabra desde que entraron al agua en la madrugada. El silencio se rompió con una queja perfectamente modulada por los finos labios de Roland:

-“puta marea roja”.